No me des consejos, dame dinero

Yo tenía un abuelo muy sabio, bueno tenía dos, pero hoy quería hablar de uno de ellos. Además de la imaginación más potente que he conocido en mi vida, su humor era absolutamente genial. Le recuerdo especialmente ahora por una frase con la que tú también te vas a sentir identificada si estás cansada de consejitos vacíos para tus proyectos de vida.

No me des consejos, dame dinero

No escribo este post para contarte que mi abuelo era chatarrero y le faltaba el dedo índice de una mano ni que lo perdió en una máquina de pelar cable. Ni siquiera lo absurdo de que 20 años después perdiera el pulgar de la misma mano en la misma máquina.

No quería entretenerme con las historias que nos contaba a mis hermanos y a mí de cómo había perdido los dedos; a veces era un león que se lo había comido, otro día era por estar hurgándose la nariz y se había quedado dentro, a veces entraban en juego más animales como elefantes, cebras o águilas… pero no, no era esto lo que me traía hoy aquí.

No me des consejos, dame dinero

Aquella frase… cuánta sabiduría.

Porque en realidad todas sabemos lo que queremos hacer, en el fondo y no tan en el fondo tenemos la solución a aquello que nos preocupa. Cuando preguntamos a alguien nunca dudamos de “qué queremos hacer” sino de “qué debemos hacer”

Y a menudo nos llueven consejos sobre cómo tenemos que abordar nuestros problemas y qué sería lo mejor para nosotras, ¡cómo si no lo supiéramos ya!

Ayúdame a hacer lo que quiero hacer en lugar de decirme lo que tengo que hacer,

Existe un catálogo universal de consejos; más o menos es así:

  • Eso que quieres hacer es una locura, estás perfectamente como estás, no te quejes que eres una privilegiada, hay gente sufriendo mucho, bla, bla, bla
  • Está claro, lo que tienes que hacer es … ponga aquí su súper consejo de la semana
  • Yo si fuera tú haría… Esta me hace mucha gracia, porque precisamente yo no soy tú, si tú fueras yo harías exactamente lo que yo voy a hacer.
  • A mí me parece que no es para tanto. Exacto, a ti te lo parece, pero para mí ya estás viendo que sí es importante.

Bueno, no están todos los que son pero sí son todos los que están. Al mismo tiempo he observado algo curioso: no conozco a ninguna persona que le guste que le den consejos, del mismo modo que la mayoría de personas que conozco y me incluyo, nos chifla dar consejos. ¿Cómo es posible?

¿Existen personas que no dan consejos cuando te ven en un apuro? ¡¡SÍ!! Son aquellas que escuchan hasta el final, se ponen en tu lugar (pero no como si tú fueras ellas sino como si ellas fueran tú), te preguntan qué quieres hacer, y exploran contigo los medios a tu alcance para conseguirlo. Nada de sermones ni moralinas, ni siquiera tienen por qué estar de acuerdo con lo que tú planteas, sólo comprenden, aceptan y colaboran. Y por el mismo precio te dan una sensación de paz inmensurable y toda la confianza en ti misma que necesitas para ir adelante con todo.

Yo quiero ser de estas personas. Tengo comprobadísimo que cuando me pongo a aconsejar lo que era una conversación se convierte en un monólogo vacío del que la otra persona no percibe más que: BLA, BLA, BLA, BLA, mientras, en el mejor de los casos, mientras yo sigo con mi monólogo glorioso que a nadie importa, ella sigue pensando en lo suyo y cómo lo va a resolver, como lo QUIERE resolver.

Después de cada consejo de mierda que doy me digo enfadada que será el último, y algún día espero que de verdad sea el último.

Disculpa si has tenido que tragarte alguna vez uno de mis estúpidos consejos. Espero que tengas mejor experiencia la próxima vez. Pero por si acaso no es así, recuerda a mi abuelo:

No me des consejos, dame dinero

Abuelo, te echo de menos.

 

 

 

 

 

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